¿Puede un Cristiano Juzgar?
Muchas veces hemos escuchado a personas decir: "¿Tú quién eres para juzgar?", "no puedes juzgar, no es correcto", "sólo Dios puede juzgar"; pero ¿qué tan cierto es todo lo anterior?
En primer lugar, es necesario señalar que el decir "no debes juzgar" es en sí mismo un juicio; si alguien me dice "no debes juzgar", me está juzgando por juzgar, irónicamente, entonces ¿con qué autoridad puede esa persona decir que no puedo juzgar, cuando ella hace lo mismo?
Veo al menos dos problemas con la concepción general de "juzgar":
1.- La subjetividad moral
2.- La errónea aplicación de "juzgar"
El primer problema refiere a que nadie puede juzgar a nadie debido a que "lo que para ti puede ser malo, para la otra persona puede ser bueno o viceversa". Esto es un error de lo más horrible ya que relativizar la moral da pie a que cada quién pueda hacer lo que quiera, ni siquiera las leyes podrían ser aplicadas porque, después de todo ¿quién decide lo que es bueno o malo sino el propio individuo? Por lo tanto, un mundo subjetivo es peligroso. Pero la moral no es subjetiva, ya que cada persona sabe lo que es correcto e incorrecto, acusándole su consciencia (Romanos 2:14 - 15), la consciencia es el mecanismo que tiene todo ser humano (exceptuando a los infantes y personas con problemas mentales) por el cuál se distingue lo que es bueno y lo que es malo. Esto nos lleva a que no se puede afirmar que "lo que para una persona algo puede ser bueno y para otra malo", o viceversa, lo cual es uno de los argumentos más usados por aquellos defensores del "no juzgues", por lo tanto, no es válido decir que no se puede juzgar a una persona por este motivo.
El segundo problema se plantea por la definición de "juzgar" y su uso dentro de un contexto. La palabra tiene (bíblicamente) tres acepciones:
1.- Como distinción de lo bueno y de lo malo, discernimiento. (Salmos 119:66, Proverbios 7:6 - 8)
Pero entonces ¿un cristiano puede juzgar? La respuesta es sí; sin embargo muchas veces, las personas a favor del "no juzgar" utilizan el pasaje de Mateo 7:1 - 4
"No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados; y con la medida con que midáis, se os medirá. ¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: «Déjame sacarte la mota del ojo», cuando la viga está en tu ojo?"
Pero omiten el versículo 5:
"¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano."
Por lo tanto, una persona no puede juzgar a otra, a menos que no haga o deje de hacer lo mismo que ella juzga en el otro, es decir que, si la otra persona está en pecado, no puedo juzgarla si yo estoy en el mismo pecado (Romanos 2:1 - 4), entonces, es hasta que yo deje de hacer lo mismo que juzgo, podré juzgar a la otra persona y ayudarla. Así que este pasaje de Mateo 7 indica que, no que no debamos juzgar, sino que debemos hacerlo sin hipocresía; además, Jesús mismo dice: "No juzguéis por la apariencia, sino juzgad con juicio justo." (Juan 7:24).
Además, Pablo dice en 1a a los Corintios 5:9 - 13
"En mi carta os escribí que no anduvierais en compañía de personas inmorales; no me refería a la gente inmoral de este mundo, o a los avaros y estafadores, o a los idólatras, porque entonces tendríais que salir del mundo. Sino que en efecto os escribí que no anduvierais en compañía de ninguno que, llamándose hermano, es una persona inmoral, o avaro, o idólatra, o difamador, o borracho, o estafador; con ese, ni siquiera comáis. Pues ¿por qué he de juzgar yo a los de afuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro de la iglesia? Pero Dios juzga a los que están fuera. Expulsad de entre vosotros al malvado."
"En mi carta os escribí que no anduvierais en compañía de personas inmorales; no me refería a la gente inmoral de este mundo, o a los avaros y estafadores, o a los idólatras, porque entonces tendríais que salir del mundo. Sino que en efecto os escribí que no anduvierais en compañía de ninguno que, llamándose hermano, es una persona inmoral, o avaro, o idólatra, o difamador, o borracho, o estafador; con ese, ni siquiera comáis. Pues ¿por qué he de juzgar yo a los de afuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro de la iglesia? Pero Dios juzga a los que están fuera. Expulsad de entre vosotros al malvado."
El pasaje anterior explica que, como creyentes, debemos juzgar a los miembros de la iglesia con las acepciones 2 y 3; con la acepción 2 al señalar cuando una persona está en error y acepción 3 al expulsarlo de la congregación, bajo las condiciones que Pablo explica.
Como conclusión:
Un creyente sí puede juzgar a otros:
Bajo la acepción 1 y 2, puede (y debe) juzgar tanto a creyentes como a no creyentes; es decir, distinguiendo correctamente lo bueno de lo malo y señalarlo a fin de ayudar a otro creyente y, en su caso, compartir el Evangelio a un no creyente; pero bajo la acepción 3, sólo Dios puede juzgar a los no creyentes, pero un cristiano puede y debe hacerlo con los creyentes. Así que sí, un creyente puede y debe juzgar.
Bajo la acepción 1 y 2, puede (y debe) juzgar tanto a creyentes como a no creyentes; es decir, distinguiendo correctamente lo bueno de lo malo y señalarlo a fin de ayudar a otro creyente y, en su caso, compartir el Evangelio a un no creyente; pero bajo la acepción 3, sólo Dios puede juzgar a los no creyentes, pero un cristiano puede y debe hacerlo con los creyentes. Así que sí, un creyente puede y debe juzgar.
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